gárgola vacas

gárgola vacas es una revista de filosofía y pensamiento hecha por los alumnos de filosofía de la Universidad de Valladolid. Un lugar especialmente dedicado a ese pensamiento marginado por su ‘inexperiencia’, a ese pensamiento que se desarrolla en un espacio desolado, entre la insuficiencia de la conversación y la clausura de los nódulos académicos. Lugar de encuentro, pero también encrucijada.

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domingo, noviembre 20, 2005

Polémicas y contextos de Derrida (última entrega)

Tres condiciones

Pero el corpus de Derrida, y su crecimiento, su aumento o su augere que hace crecer la autoridad de aquel como autor, ha producido un novum irreductible en el ámbito de la filosofía contemporánea. La explicación crítica del programa gramatológico con sus premisas o sus antecedentes, es desde luego un paso en la comprensión, y, en rigor, en el comienzo de la ejecución de ese programa. (En efecto, las operaciones que propician los textos (en sentido restringido) de Derrida en sus relaciones con otros textos (en sentido amplio) comprometen al lector efectivo de aquellos. La Desconstrucción en serio nunca podría ser objeto de mera consideración, desde el primer momento provoca un movimiento, una apelación, una quebradura de cabeza, o un nuevo sentido de responsabilidad. La Desconstrucción desconstruye la tranquila y dogmática separación de la teoría y la práctica en la experiencia de pensar, hablar, escribir, leer, o “hacer cosas con palabras”. Se entiende la virulencia que alcanza en estos parajes el magno problema del estatuto de los performativos, y la relación de ese problema con la posibilidad de la Ontología. No quita por otra parte que el recurso algo inercial en este comentario a términos como “operación”, “análisis”, “método” resulte en un cierto punto insuficiente para dar cuenta de lo que la Desconstrucción tiene de acontecimiento, de algo que pasa, y de ahí que pueda decirse algo como: “Ello se desconstruye”). Pero tiene interés identificar aquello que en ese programa parece menos derivable de aquellas premisas.

El acceso temático a lo “original” del pensamiento de Derrida debería respetar, proponemos, tres condiciones.

En primer lugar, habrá que asumir las consecuencias del hecho de que la Desconstrucción se resiste activamente metódicamente a ingresar en las categorías de la Historia de la Filosofía. Es que la Desconstrucción polemiza esencialmente con toda una serie de supuestos de esa disciplina, o al menos de los supuestos típicos de la configuración dominante escolarmente de la misma: así, los relativos a las nociones de tradición, de continuidad, de identidad, de contexto, de epocalidad, de teleología. El concepto mismo de “crisis” vendría a quedar en peculiar crisis en las operaciones de lectura, de interpretación, de escritura que moviliza la Desconstrucción. Quizá el mejor paradigma de ésta sería el de la traducción. La cuestión de la Desconstrucción–se apunta en “Carta a un amigo japonés”- “es, asimismo, la cuestión de la traducción y de la lengua de los conceptos, del corpus conceptual de la metafísica llamada “occidental”” (in El tiempo de una tesis, Barcelona, 1997).

En segundo lugar la interpretación temática y problemática tendrá que tener en cuenta constantemente una tensión estructural de la escritura de Derrida, la tensión entre el “deseo de idioma”, el ajuste de la expresión filosófica a la singularidad del firmante y de su situación, y lo que de forma convencional llamaremos la fidelidad a la irrenunciable ambición de verdad, de universalidad, de toda filosofía. Contra lo que propaga el rumor, los textos, y la enseñanza de Derrida–justo para calibrar esta dimensión, si se quiere, “tradicional”, es interesante resaltar el papel de éste como profesor universitario durante más de cuarenta años- están comprometidos en diversas formas de argumentación crítica, de reflexión enfáticamente racionalista..

En fin, una tercera condición del tipo de interpretación que propongo es el compromiso con una lectura preeminentemente filosófica, incluso enfáticamente filosófica, de los textos y el magisterio de Derrida. El punto se enfrenta inmediatamente a la controversia. El acento en el “lado” literario o poético del pensamiento de Derrida es un tópico, manejado diversamente por amigos y enemigos de estos movimientos. Creo sin embargo que cabe justificar esta propuesta, y sobre la base no sólo de los ensayos de la primera etapa, hasta, digamos, Glas (1974). Podemos remitir, a título de índice, al ensayo reciente “Le “Monde” des Lumières à Venir”, conferencia de apertura de un congreso sobre “La potencia de lo racional” (incluido en Voyous. Deux essais sur la raison, 2003).

Esas tres condiciones podrían orientar una interpretación –no sumisa- de los problemas justamente filosóficos, y que conciernen por lo pronto al estatuto mismo de la filosofía en las sociedades tardomodernas (las sociedades de la técnica de la reproducción más o menos ilimitada), que ha abierto o ha reinventado el pensamiento de Derrida.

Creo que sería útil una tentativa sistemática de confrontación con la Fenomenología, con una Fenomenología que radicalizase, más allá del idealismo trascendental husserliano, los problemas del cuerpo, del tiempo, y de la socialidad, sobre la base de la mutación que la técnica moderna impone al viejo concepto de “percepción”. ¿Qué podría ser una Fenomenología corporalista que renunciase al mito de lo originario, al “primado de la percepción”?


Patricio Peñalver